martes, 31 de enero de 2017

La oportunidad de oro que nos regala el infortunio


Domingo Faustino Hernández Angeles *


La toma de posesión de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, más allá de mostrar la polarización que vive la sociedad estadounidense y el desencanto por la globalización y algunos valores democráticos de ciertos sectores de su población, ha convulsionado el orden mundial y creado conflictos con varios países, siendo probablemente México el más afectado por esta nueva etapa en la historia contemporánea.
Son momentos críticos y de peligro para el país, pero también de una oportunidad histórica para repensarnos como sociedad y sentar los pilares para un nuevo modelo de desarrollo.
México ha resentido enormemente las nuevas políticas migratorias y de comercio de Trump debido a su excesiva dependencia de la economía estadounidense y la incapacidad de nuestros gobiernos para generar motores de desarrollo interno inclusivos y sostenibles, lo que ha obligado a millones de mexicanos a buscar oportunidades de mayor bienestar en el vecino del norte.
Lograr una mayor diversificación de nuestro comercio exterior y la integración a nuevas cadenas productivas globales llevará años, pero los ataques de Trump, irónicamente, han creado una oportunidad inusual para empezar a transformar a México internamente desde ya.
Para capitalizar el aire de autocrítica, unidad y exigencias de cambio que se vive a lo largo del país, la primera tarea del gobierno federal debe ser transmitir, con hechos y no palabras, su capacidad para convertirse en ente articulador del movimiento de cambio con base en su compromiso para desterrar viejos vicios y prácticas que tienen harta a la sociedad. Esto significa atacar por todos los frentes las prácticas comunes de corrupción, impunidad, opacidad en el gasto público, el abandono del servicio profesional de carrera, los presupuestos inerciales y la escaza eficacia en el cumplimiento de los objetivos de política pública.
Si en las próximas semanas el gobierno resulta incapaz de lograr legitimidad y convencer a la sociedad de que aún tiene cierta capacidad de ser un agente articulador del cambio, la sociedad civil desplazará al gobierno en la tarea, pero el proceso será más largo e inestable.
El Presidente tiene la oportunidad de pasar a la historia como un líder que, en momentos críticos del país y de serios cuestionamientos a su gobierno, supo convocar a la unidad nacional ofreciéndole a la nación un nuevo pacto de desarrollo sin guardarse nada. De lo contrario, terminará su gobierno como uno de los presidentes más impopulares y denostados y que, además, quedó pasmado y sobrepasado por la oportunidad de oro que le brindaba la historia de equilibrar su legado.
Para los mexicanos, es la oportunidad que estábamos esperando para refundarnos como país y sociedad. De una vez por todas, es necesario hacer a un lado a la élites políticas y económicas que han resultado incompetentes para la creación de un gobierno y desarrollo. Aquellas que no estén dispuestas a renunciar a sus privilegios para un desarrollo sostenible e inclusivo para todas y todos.
Es también la oportunidad de mirarnos al espejo como personas, familias, colectivos, empresas y sociedad y confrontar lo que debemos hacer para que este país camine y sea un mejor lugar para vivir. La inesperada adversidad nos da la oportunidad, la revancha de demostrar que somos mejores de lo que han pensado.

*Domingo Faustino Hernández Angeles es estudiante del Doctorado en Política Pública de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey.

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